domingo, 24 de abril de 2011

Tautogramas, refranes y adivinanzas hechos en clase

Aquí están los ejercicios de los últimos días del trimestre sobre tautogramas, adivinanzas y refranes. No están todos porque a la mayoría se le olvidó entregármelos:



Nuevos refranes:

Quien mal anda, le duele la espalda.
Quien mal anda, se cae.
Quien mal anda, seguro que es cojo.
Quien fue a Sevilla, se encontró con Villa.
Quien menos tiene, peor vive.
Quien bien te quiere, te hará regalos.
Quien a buen árbol se arrima, rica fruta come.
Quien calla, es que no sabe.
Quien a hierro mata, va a la cárcel.
Ojos que no ven, tortazo que te pegas.
No hay mal, que no se solucione.
Muerto el perro, se acabó el problema.
Muerto el perro, comenzo el tufo.
La dicha de la fea, a nadie le importa.
El casado, tema quiere.
Nunca digas con este chico no saldré.
Mas vale maña que caña.
Donde las dan, las cogen.
Cría fama y échate en la cama.
Éramos pocos y vino la suegra.

sábado, 9 de abril de 2011

Los dos Garcilasos




El nombre del blog está relacionado con dos grandes escritores y militares renacentistas: Gracilaso de la Vega, poeta español (Toledo 15031–Niza1536) y El Inca Garcilaso de la Vega (Cuzco 1539 - Córdoba 1616). El primero es conocido por todos porque lo estudiamos en clase. El segundo, historiador peruano, es el gran desconocido; mestizo e hijo ilegítimo del conquistador español Sebastián Garcilaso de la Vega y de la princesa incaica Isabel Chimpo Ocllo, a los veintiún años se trasladó a España, donde siguió la carrera militar. En 1605 dio a conocer en Lisboa su Historia de la Florida y jornada que a ella hizo el gobernador Hernando de Soto, título que quedó sintetizado en La Florida del Inca, donde defiende la legitimidad de imponer en aquellos territorios la soberanía española para someterlos a la jurisdicción cristiana.Pero su obra más célebre fueron los Comentarios reales, uno de los intentos más logrados de salvaguardar la memoria de las tradiciones de la civilización andina. Por esta razón es considerada su obra maestra y se la ha reconocido como el punto de partida de la literatura hispanoamericana.

El nombre garcilazomolamazo proviene de una errata en un examen. Mi querido alumno David con sorna me preguntó: ¿quién es ese Garcilazo? Le respondí también con guasa: no sé, pero mola mazo. Unos años después en un tercero de la ESO, lleno de inmigrantes sudamericanos, casi todos escribieron así el apellido del escritor renacentista. Me pareció un buen nombre para un blog de literatura: divertido, simbólico y fácilmente memorizable.

viernes, 8 de abril de 2011

Pasión universal por la lectura: Balzac y la costurera china


Balzac y la costurera china, Dai Sijie (2002)
Dos adolescentes chinos son enviados a una aldea perdida en las montañas del Fénix del Cielo, cerca de la frontera con el Tíbet, para cumplir con el proceso de «reeducación» implantado por Mao Zedong a finales de los años sesenta. Soportando unas condiciones de vida infrahumanas, con unas perspectivas casi nulas de regresar algún día a su ciudad natal, todo cambia con la aparición de una maleta clandestina llena de obras emblemáticas de la literatura occidental. Así pues, gracias a la lectura de Balzac, Dumas, Stendhal, los dos jóvenes descubrirán un mundo repleto de poesía, sentimientos y pasiones desconocidas, y aprenderán que un libro puede ser un instrumento valiosísimo a la hora de conquistar a la atractiva Sastrecilla, la joven hija del sastre del pueblo vecino.
Así descubren la pasión por la lectura (págs. 86-147):
“Nos acercamos a la maleta. Estaba atada con una gruesa cuerda de paja trenzada, anudada en cruz. En el interior, montones de libros se iluminaron bajo nuestra linterna eléctrica y los grandes escritores occidentales nos recibieron con los brazos abiertos: a su cabeza estaba nuestro mejor amigo Balzac, con cinco o seis novelas, seguido de Víctor Hugo, Sthendal, Dumas, Flaubert, Baudelaire, Rousseau, Tolstói, Gogol. Dostoievski y algunos ingleses: Dickens, Kipling, Emily Brönte...
¡Qué maravilla! Tenía la sensación de que iba a desvanecerme en las brumas de la embriaguez. Sacaba las novelas de la maleta de una en una, las abría, contemplaba los retratos de los autores y se los pasaba a Luo. Al tocarlas con la yema de los dedos me parecía que mis manos , que se habían vuelto pálidas, estaban en contacto con vidas humanas”.

domingo, 3 de abril de 2011

Las mujeres y la literatura


”Los efectos de la literatura escrita por mujeres”
por Socorro Suárez Lafuente
Artículo publicado en
la revista PLATERO, nº 134, año XIX, febrero 2003.
Edita CAJASTUR.
Oviedo.
(Extracto de algunos fragmentos)
“A lo largo de la historia de la literatura ha habido una escasa presencia de mujeres escritoras porque ni en las familias ni en los lugares en que se impartía la educación se educaba a las mujeres para el saber. Ni siquiera en los monasterios medievales, que fue donde se preservó la cultura escrita, copiando, cuidando y ampliando el conocimiento, se enseñaba a las monjas a leer y escribir; éstas cantaban en Latín “de oído”, pero no tenían acceso a códices ni manuscritos.
Así, cuando la abadesa germana Hilegard von Bingen, en el siglo XII, quiere escribir sus visiones místicas, el obispo de su diócesis tiene que buscar un monje que le sirva de secretario. Las cosas no mejorarán en este terreno hasta el siglo XVIII, lo que lleva a la autora inglesa Virginia Woolf a escribir en su libro Una habitación propia (1929) que nunca sabremos si la hermana de William Shakespeare tuvo tanto talento literario como él, y si el talento literario lo hubiera tenido ella nunca hubiéramos tenido un Shakespeare, porque las mujeres eran educadas para estar en casa, les estaba vetado el mundo exterior y era impensable y, por tanto, imposible, que Ann Shakespeare hubiera viajado sola a un Londres que desconocía para introducirse en el mundo del teatro como hizo su hermano.
Con la industrialización de la sociedad y el establecimiento de la clase media muchas mujeres tienen, desde finales del siglo XVIII, tiempo de ocio, que aprovecharán para leer, para hablar en tertulias que organizan en sus casas y para escribir. Algunas escriben cartas, que hoy nos sirven como documentación de su tiempo, como es el caso de Lady Montagu o Madarne de Sévigné,otras escriben ya novelas, poemas y obras de teatro.
Las mujeres burguesas son las propulsoras del surgir de la novela: pronto descubren el potencial de entretenimiento de la literatura y se convierten en lectoras voraces de largas historias en las que se podían sumergir durante horas y “vivir” dramas y aventuras con los personajes. Su afición a la lectura propiciará la publicación de la novela por entregas, generalmente en tres partes, lo que da estabilidad comercial y económica a las editoriales, origina el préstamo bibliotecario por necesidad social y, lo que es más importante, crea una demanda de novelistas que permite a muchas mujeres probar suerte como autoras, con gran éxito, en este terreno nuevo.
De la misma manera que las mujeres francesas fueron las que mejor organizaron sus tertulias privadas, hasta el punto de que tal actividad recibe el nombre de “saloniéres” (salonistas), las inglesas son las más importantes en el campo de la novela. De una amplísima nómina de novelistas británicas reconocemos inmediatamente a Mary Shelley por su creación de un mito con Frankestein (1817) y a Jane Austen porque algunas de sus novelas han sido llevadas al cine recientemente: Orgullo y prejuicio (1813), Sentido y sensibilidad (1811) y Emma (1816). A los premios Oscar de este año se presenta Las horas, película que trata de la vida de Virginia Woolf y de una de sus novelas, Mrs Dalloway (1925). De esta misma autora también triunfó en el cine hace unos años Orlando, escrita en 1928.
La sociedad española incorpora lentamente a sus escritoras al canon literario, y en el siglo XIX ya podemos contar con Fernán Caballero, Emilia Pardo Bazán y Rosalía de Castro, entre las más destacadas. En los inicios del siglo XX las mujeres acceden a la enseñanza media reglada y, consiguientemente, a los estudios universitarios, en una proporción aceptable y creciente; en 1903 se funda en Madrid un instituto “para señoritas” que cuenta en 1912 con 125 matriculadas, y sólo dieciséis años después, en 1928, con 1.681 alumnas, una buena parte de las cuales ingresarán en la universidad.
De aquí que durante la II República haya mujeres dedicadas a la política y parlamentarias como Victoria Kent y Clara Campoamor,que pueden discutir pública y oficialmente sobre un tema que les incumbe de manera directa: el voto de las mujeres. Las intelectuales abundan ya en España desde principios del siglo XX, y aunque, con frecuencia, han estado subsumidas en la obra de sus maridos, la investigación contemporánea les está otorgando su justa valía. […]”
“Las mujeres incorporan su experiencia al mundo literario de varias maneras: haciéndose presentes en todos los momentos históricos en que, estando, compartiendo y contribuyendo, fueron ignoradas por los documentalistas e historiadores oficiales; haciendo explícito su punto de vista en todas y cada una de las múltiples ocasiones en que otros se expresaron en su nombre y pusieron palabras en su boca, y optando por caminos alternativos a los que la sociedad les tenía prefijados en cada momento. Para llevar a cabo esta tarea, que habría de cambiar los modelos arquetípicos al uso, las mujeres se aprestan no sólo a escribir desde un punto de vista nuevo y diferente (re/visión), sino a volver a escribir (re/escribir) el cánon literario establecido” […]”
“Celebremos, pues, la abundancia de palabras que se escriben para registrar nuestra individualidad y nuestra importancia, y hagamos de la esencia de ser persona la fuerza de ser mujer”.
Una habitación propia
Virginia Woolf tiene muchos méritos, pero para mí hay uno que destaca sobre todos los demás: cuando ella escribía, a principios del siglo XX, que una mujer escribiese no era común, pero las que lo hacían, hasta ese momento, tenían ese tonillo femenino tan Jane Austen. Ella no. Ella fue la primera en romper ese molde, en dejar que el sexo desapareciese de sus palabras, porque todas sus novelas podría haberlas escrito un hombre. Excepto Una habitación propia, que no es una novela, sino un discurso que dio la escritora británica. Pero la defensa que hace de la libertad de la mujer y su argumentación ha traspasado los años, y leyéndolo sigues sintiendo que nos queda mucho trecho por recorrer. El título se debe a que Virginia explica en esta conferencia que la mujer sólo será libre para escribir como los hombres cuando lo haga en una habitación propia: las mujeres de su época no tenían estudio, despacho, nada parecido, escribían en el salón, rodeadas de familiares, niños, ruido. Por eso ella identifica la libertad con esa habitación. Evidentemente, la argumentación va mucho más allá, sobre todo aborda la independencia económica, pero me encanta esa frase, una habitación propia.

Ver también Las mujeres que escriben son peligrosas:
http://bloggeles.blogspot.com/2010/08/iii-power-point.html

La metaliteratura y Cortázar


Según Darío Villanueva, la metaliteratura se puede definir como “el discurso narrativo que trata de sí mismo, que narra como se está narrando”. Dicho en términos aun más escuetos, en sentido estricto, la metaliteratura es la literatura que trata de literatura. Según esta definición, en las obras que se adscriben a esta tendencia se reflexiona sobre el proceso mismo de la narración, se citan a otros autores u obras y se recrean cuestiones estrictamente literarias. Este tipo de juego se puede comparar con ejemplos de pintura dentro de la pintura, con los juegos de espejos barrocos, etc., o con escenas de cine dentro del cine (La rosa púrpura del Cairo, por ejemplo).

Este rasgo está muy presente en multitud de novelas contemporáneas, desde la Rayuela de Cortázar, en la que la mitad de la obra es una reflexión sobre las circunstancias en las que se forja la otra mitad del relato, hasta Señas de identidad de Juan Goytisolo. aunque es verdad que ha existido desde casi siempre como puede verse ya en el Quijote, el Tristram Shandy, Niebla o el Ulises de Joyce).

Cap. 34 de Rayuela
"En setiembre del 80, pocos meses después del fallecimiento
Y las cosas que lee, una novela, mal escrita, para colmo
de mi padre, resolví apartarme de los negocios, cediéndolos
una edición infecta, uno se pregunta cómo puede interesarle
a otra casa extractora de Jerez tan acreditada como la mía;
algo así. Pensar que se ha pasado horas enteras devorando
realicé los créditos que pude, arrendé los predios, traspasé
esta sopa fría y desabrida, tantas otras lecturas increíbles,
las bodegas y sus existencias, y me fui a vivir a Madrid."


En este capítulo se claramente que hay dos historias, dos hechos, el par y la impar.
Lo que sucede en este vanguardista capítulo, es que Horacio, el protagonista másculino de Rayuela toma un libro de un autor por el que no siente devoción: Galdós. Se propone leerlo, pero comienza a pensar. Cortázar, por lo tanto, intercala los pensamientos del protagonista entre cada una de las líneas escritas por Galdós.




Continuidad de los parques
En este relato, que precisamente trata de la lectura de una novela, se observan muchas de las características fundamentales de este subgénero narrativo: brevedad, sencillez, intensidad, final sorprendente... El protagonista lee una novela en un sillón donde el asesino se aproxima, progresivamente, a su víctima, que a su vez lee una novela en un sillón en un escenario idéntico.

Soliloquio, monólogo interior, fluir de conciencia

Monologo de Molly Bloom from videoculturalclub on Vimeo.


El soliloquio
Es la técnica en virtud del cual el mismo personaje, y no el narrador, es el que discurre y desarrolla su reflexión, es decir, se convierte en oyente de su propio discurso; se diferencia del monólogo interior en que es verbalizado, (hablado). El hablante se dirige a un tú, Es mucho más organizado y lógico. Conserva totalmente la estructura sintáctica y los signos de puntuación.
"Imagínate que tienes una herida en alguna parte de tu cuerpo, en alguna parte que no puedes ubicar exactamente, y que no puedes, tampoco, ver ni tocar, y supón que esa herida te duele y amenaza abrirse o se abre cuando te olvidas de ella y haces lo que no debes, inclinarte, correr, luchar o reír; apenas lo intentas, la herida surge, su recuerdo primero, su dolor enseguida: aquí estoy, anda despacio. No te quedan más que dos caminos: o renunciar a vivir así, haciendo a propósito lo que no debes, o vivir así, evitando hacer lo que no debes."(Manuel Rojas, “Hijo de ladrón”)
monólogo interior y el fluir de la conciencia, dos técnicas narrativas contemporáneas que tuvieron su apogeo en el siglo pasado y cuya vigencia perdura con la misma fuerza de entonces. Si bien ambas son productos de la influencia del psicoanálisis, el monólogo interior y el fluir de la conciencia son dos modalidades diferentes, pero que en su conjunto pueden definirse de la siguiente manera: técnicas narrativas por medio de las cuales los pensamientos de los personajes son revelados de forma tal que parecen no estar controlados por el autor. Su propósito es el de revelar los sentimientos y emociones más íntimos del personaje en el mismo instante en que se producen consciente e inconscientemente. El narrador relata impresiones fugaces en forma incoherente, sin un determinado orden temporal. Tanto conciencia como inconsciente fluyen libre y caóticamente, sin una organización lógica y con un narrador cuya única función es transcribir los pensamientos -que no son pronunciados verbalmente por el personaje- tal cual son eyectados por su mente. Cuando esta escritura automática es tan delirante que incluso carece de puntuación e incurre en errores ortográficos, se trata de un fluir de la conciencia. Cuando ese mismo caos al menos se ciñe a la sintaxis y la ortografía (literal y puntual), estamos en presencia de un monólogo interior.El monólogo interior fue una técnica utilizada por primera vez por Édourd Dujardin en Les Lauriers sont coupés (1887), y luego fue recuperada por James Joyce en su obra Ulysses (1922) y por otros autores, como, William Faulkner o Virginia Woolf.

Ejemplo de monólogo interior: "Secretos en las esquinas. De puntillas en chinelas por miedo de que se despierte. Luego preparándolo. Sacándolo. Maruja y la señora Fleming haciendo la cama. Nunca se sabe quién lo manipulará a uno cuando esté muerto. Lavado y champú. Creo que cortan las uñas y el cabello". (Fragmento de Ulises, de James Joyce.)

Ejemplo de fluir de la conciencia: "el día que estábamos tumbados entre los rododendros en Howth Hesd con su traje gris de tweed y su sombrero de paja yo le hice que se me declarara sí primero le di el pedazo de galleta de anís sacándomelo de la boca y era año bisiesto como ahora sí ahora hace 16 años Dios mío después de es beso largo casi perdí el aliento sí dijo que yo era una flor de la montaña sí eso somos todas flores un cuerpo de mujer sí ésa fue la única verdad que dijo en su vida y el sol brilla para ti hoy sí eso fue lo que me gustó porque vi que entendía o sentía lo que es una mujer...". (Fragmento de Ulises, de James Joyce.)

sábado, 2 de abril de 2011

Ejercicios de sintaxis


Teoría:
http://www.auladeletras.net/material/sint01.PDF
Ejercicios de sintaxis:
http://perso.wanadoo.es/louralba/lourjavejercc.htm
Analisis de oraciones simples:
http://recursos.cnice.mec.es/lengua/profesores/bac1/herramientas/as/as.htm

Textos narrativos del s. XX para comentar


La (famosa) magdalena de Proust
"Hacía ya muchos años que no existía para mí de Combray más que el escenario y el drama del momento de acostarme, cuando un día de invierno, al volver a casa, mi madre, viendo que yo tenía frío, me propuso que tomara, en contra de mi costumbre, una taza de té. Primero dije que no, pero luego, sin saber por qué, volví de mi acuerdo. Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y abultados, que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podría venirme aquella alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debía de ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba? ¿Cómo llegar a aprehenderlo? Bebo un segundo trago, que no me dice más que el primero; luego un tercero, que ya me dice un poco menos. Ya es hora de pararse, parece que la virtud del brebaje va aminorándose. Ya se ve claro que la verdad que yo busco no está en él, sino en mí. E1 brebaje la despertó, pero no sabe cuál es y lo único que puede hacer es repetir indefinidamente, pero cada vez con menos intensidad, ese testimonio que no sé interpretar y que quiero volver a pedirle dentro de un instante y encontrar intacto a mi disposición para llegar a una aclaración decisiva. Dejo la taza y me vuelvo hacia mi alma. Ella es la que tiene que dar con la verdad. ¿Pero cómo? Grave incertidumbre ésta, cuando el alma se siente superada por sí misma, cuando ella, la que busca, es justamente el país oscuro por donde ha de buscar, sin que la sirva para nada su bagaje. ¿Buscar? No sólo buscar, crear. Se encuentra ante una cosa que todavía no existe y a la que ella sola puede dar realidad y entrarla en el campo de su visión.

MONÓLOGO de MOLLY BLOOM. ULISES DE JAMES JOYCE
(…) qué me voy a poner me pondré una rosa blanca o esas magdalenas de Lipton me gusta el olor de una tienda grande y rica a 7 y 1/2 la libra o las otras con cerezas encima y el azúcar rosado 11 chelines un par de libras claro una bonita planta en medio de la mesa yo lo sacaría más barato espera dónde fue que las vi no hace mucho me gustan las flores me encantaría tener toda la casa nadando en rosas Dios del cielo no hay cosa como la naturaleza las montañas salvajes y luego el mar y las olas lanzándose y luego el campo tan bonito con campos de avena y trigo y toda clase de cosas y todo el buen ganado por ahí que se le ensancha a una el alma de verlo ríos y lagos y flores toda clase de formas y olores y colores saliendo hasta en las zanjas prímulas y violetas la naturaleza es así en cuanto a esos que dicen que no hay Dios yo no daría un pito por toda su sabiduría por qué no van y crean algo muchas veces le he preguntado a él los ateos o como se llamen que vayan primero a desengrasarse luego piden a gritos el cura cuando se mueren y por qué por qué porque tienen miedo del infierno por culpa de su mala conciencia ah sí los conozco muy bien quién fue la primera persona del universo antes de que hubiera nadie que lo hizo todo quién ah eso no lo saben tampoco lo sé yo ahí estamos daría lo mismo que intentaran parar el sol para que no saliera mañana el sol brilla para ti dijo él el día que estábamos tumbados entre los rododendros en Howth Head con su traje gris y sombrero de paja el día que conseguí que se me declarara sí primero le pasé el pedacito de pastel que tenía en mi boca y era año bisiesto como ahora sí hace dieciséis años Dios mío después de ese beso largo casi me quedé sin aliento sí me dijo que yo era una flor de la montaña sí entonces somos flores todo el cuerpo de una mujer sí ésa fue la única verdad que me dijo en su vida y el sol brilla para ti hoy sí por eso me gustaba porque vi que él entendía lo que era una mujer y yo sabía que siempre podía hacer de él lo que quisiera y le di todo el placer que pude llevándolo a que me pidiera el sí y primero yo no quería contestarle sólo miraba hacia el mar y hacia el cielo y estaba pensando en tantas cosas que él no sabía de Mulvey del señor Stanhope y de Hester y de papá y del viejo capitán Graves y de los marineros que juegan al todos los pájaros vuelan y al salto de cabra y al juego de los platos como lo llamaban en el muelle y el centinela frente a la casa del gobernador con la cosa alrededor de su casco blanco pobre diablo medio asado ya las chicas españolas riendo con sus chales y sus peinetones y las griterías de los remates por la mañana los griegos y los judíos y los árabes y el diablo sabe quién más de todos los extremos de Europa y Duke Street y el mercado de aves todas cloqueando delante de lo de Larby Sharon y los pobres burros resbalando medio dormidos y los vagos tipos dormidos con las capas a la sombra en los escalones y 35 las grandes ruedas de las carretas de toros y el viejo castillo de edad milenaria sí yesos hermosos moros todos de blanco y con turbantes que son como reyes pidiéndole a una que se siente en su minúscula tienda y Ronda con las 40 viejas ventanas de las posadas los ojos que espían ocultos detrás de las celosías para que su amante bese los barrotes de hierro y las tabernas de puertas entornadas en la noche y las castañuelas y la noche que perdimos el 45 barco en Algeciras el guardia haciendo su ronda de sereno con su linterna y oh ese horroroso torrente profundo oh y el mar el mar carmesí a veces como el fuego y la gloriosas puestas de sol y las higueras en los jardines de 50 la Alameda sí y todas las extrañas callejuelas y las casas rosadas y azules y amarillas y los jardines de rosas y de jazmines y de geranios y de cactos y Gibraltar cuando yo era chica y donde yo era una Flor de la Montaña sí cuan- 55 do me puse la rosa en el cabello como hacían las chicas andaluzas o me pondré una colorada sí y cómo me besó bajo la pared morisca y yo pensé bueno tanto da él como otro y después le pedí con los ojos que me lo preguntara 60 otra vez y después él me preguntó si yo quería sí para que dijera sí mi flor de la montaña y yo lo rodeé con mis brazos sí y lo atraje hacia mí para que pudiera sentir mis senos todo perfume sí y su corazón golpeaba como 65 loco y sí yo dije que sí.

EL EXTRANJERO, ALBERT CAMUS
Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.» Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.
El asilo de ancianos está en Marengo, a ochenta kilómetros de Argel. Tomaré el autobús a las dos y llegaré por la tarde. De esa manera podré velarla, y regresaré mañana por la noche. Pedí dos días de licencia a mi patrón y no pudo negármelos ante una excusa semejante. Pero no parecía satisfecho. Llegué a decirle: «No es culpa mía.» No me respondió. Pensé entonces que no debía haberle dicho esto. Al fin y al cabo, no tenía por qué excusarme. Más bien le correspondía a él presentarme las condolencias. Pero lo hará sin duda pasado mañana, cuando me vea de luto. Por ahora, es un poco como si mamá no estuviera muerta. Después del entierro, por el contrario, será un asunto archivado y todo habrá adquirido aspecto más oficial.


LA NÁUSEA, JEAN-PAUL SARTRE
La náusea me concede una corta tregua. Pero sé que volverá; es mi estado normal. Solo que hoy mi cuerpo está demasiado agotado para soportarla. También los enfermos tienen afortunadas debilidades que les quietan, por algunas horas, la conciencia de su mal. Me aburro, eso es todo. De vez en cuando bostezo tan fuerte que las lágrimas me ruedan por las mejillas. Es un aburrimiento profundo, profundo, el corazón profundo de la existencia, la materia misma de la que estoy hecho.

INFLUENCIA DEL CINE. SANTUARIO DE W. FAULKNER
Desde detrás de la hilera de arbustos que rodeaba el manantial, Popeye contempló al hombre que bebía. Una senda apenas marcada llevaba desde el camino hasta el manantial. Popeye había visto cómo el forastero -delgado y alto, sin sombrero, con unos gastados pantalones grises de franela y una chaqueta de tweed cruzada sobre el brazo- avanzaba por la senda y se arrodillaba para beber.
El manantial brotaba al pie de un haya y corría después sobre un fondo de arena que formaba remolinos y ondulaciones. [. .. ] En algún sitio, escondido e imposible de precisar y, sin embargo, cercano, un pájaro cantó tres notas para callar luego.
En el manantial, el forastero inclinó el rostro hacia los rotos reflejos multiplicados de su propio beber. Al erguirse de nuevo, aunque no había oído el menor ruido, vio aparecer entre ellos, también hecho añicos, el sombrero de paja de Popeye.
Frente a él, al otro lado del manantial, se hallaba un hombre de estatura por debajo de lo normal, con las manos en los bolsillos de la chaqueta, y un cigarrillo sesgado, que formaba un ángulo agudo con su barbilla. Llevaba un traje negro, con la chaqueta, de talle alto, muy ajustada. Se había remangado los pantalones con una sola vuelta y estaban manchados de barro; lo mismo les sucedía a los zapatos. [ ... ]
El hombre que había bebido siguió arrodillado.
-Supongo que lleva una pistola en ese bolsillo -dijo.
Desde la orilla opuesta Popeye dio la impresión de contemplarlo con dos negros botones de goma blanda.
-Soy yo el que hace las preguntas -dijo Popeye-. ¿Qué es eso que tiene en el bolsillo?
El otro llevaba aún la chaqueta cruzada sobre el brazo. Levantó hacia ella la mano libre: del bolsillo izquierdo sobresalía un aplastado sombrero de fieltro y del derecho un libro.
-¿Qué bolsillo? -dijo.
-No lo saque -respondió Popeye-. Dígame qué es.
La mano del forastero se detuvo en el aire.
-Es un libro.