Mi sugerencia de regalo por Navidad es que leáis el libro EL FRÍO MODIFICA LA TRAYECTORIA DE LOS PECES de PIERRE SZALOWSKI (DEBOLSILLO 7,95€). Bueno, Bonito, Bienintencionado y Barato. Es un relato lleno de aire fresco, de ternura, y de optimismo. Su lectura hace sentir bien y nos recuerda que, a veces, las situaciones inesperadas hacen que veamos todo diferente. Que nos veamos a nosotros mismos y a los que nos rodean de una manera distinta, como le pasó al protagonista de once años en las navidades del año 1998. Os gustará y lo comentaremos en clase.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
martes, 21 de diciembre de 2010
Trabajos sobre frases hechas
Como amenacé, aquí están las viñetas que habéis hecho sobre las frases hechas este trimestre. No están todas las que son, porque ha sido imposible escanearlas todas y además algunas se alejaban del formato estándar. Gracias a todos, sobre todo a las alumnas que me han ayudado a hacerlo. Se puede comprobar que las que mejor se ven son las que se hicieron utilizando los generadores de cómic. La próxima vez os saldrá mejor.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Abre fácil, Bovary y Lady Gaga
Tengo pocas habilidades manuales, lo reconozco. Cuando leo que algún producto tiene abre fácil ya me pongo de los nervios. Todo empezó con ese invento del diablo llamado tetrabrick y la línea de puntos, no había manera de abrirlo ni con las manos ni con las tijeras sin que se derramara la leche. Siguieron los paquetes de jamón con una esquina que era imposible despegar. Destapar una lata tirando de la arandela me resulta tan difícil como utilizar un abrelatas sofisticado que no sea el explorador. Hasta tengo problemas para cerrar un tuperware de los buenos: es imposible encajar una parte con otra. Cuando nadie me ve, asesino los plásticos con un cuchillo rompiendo toda esta cadena de inventos que nos imposibilita la vida cotidiana.
Todo esto viene a cuento de las dificultades que tengo en el instituto para utilizar las TIC y los medios audiovisuales, que no sé si se deben tanto a mi impericia como al desastroso mantenimiento que presentan (véanse los cómics de este blog), pero nada fue comparable con lo que ocurrió el 15 de diciembre cuando intenté poner la película pirateada de Claude Chabrol, Madame Bovary. Vale, está mal que piratee, pero es que no la encontré en ningún sitio.
1) Nos cambiamos de clase. Después de pedir la llave en conserjería, abrir el armario y conectar todos los cables, el reproductor no reconocía el dvd. Total :10 minutos perdidos.
2) Vuelvo a consejería a pedir un ordenador portátil. Después de miles de maniobras, ese ordenador, vaya usted a saber por qué, no tenía conexión con el cañón. Otros 10 minutos.
3) Vuelvo a pedir otro portátil, volvemos a hacer las conexiones. Esta vez si funciona, pero la pantalla está muy oscura porque hay mucha luz. Desplegamos una cortina y justo en ese momento nos damos cuenta de que no hay bafles y, por tanto, no hay sonido. Otros diez minutos.
Mientras yo iba y venía maldiciendo al mundo, los alumnos de bachiller empezaron a dar muestras de que en ellos habita un alumno de 2º de la ESO, sobre todo si se ha ido a un concierto de Lady Gaga. Resultado: siete paseos, cabreo considerable, juramentos en checheno, clase perdida y a punto de quedarme gagá del todo.
A pesar de todo, como sé que no se van a leer la novela completa y tengo que prepararles lo mejor que pueda para saltar las vallas de la selectividad, decidí poner un original de una serie inglesa con el mismo decorado que una película de Jane Austin, pero con una actriz más cercana a la edad de nuestra protagonista. Antes había colocado con la ayuda de un compañero un reproductor que leía piratas, pero que el segundo día se tragó el dvd original y no había manera de sacarlo. Esta vez estaba preparada, no perdí ni un minuto: teníamos un original de recambio.
Como alguien me diga que poner vídeos en clase es una forma de escaquearse del trabajo, lo mato.
sábado, 11 de diciembre de 2010
Romanticismo: Keats y Coleridge
Este lío de textos tiene su justificación. La Universidad no ha escogido una traducción concreta y por eso presento varias, para que las podáis cotejar con el original.
Poemas_Keats
A UNA URNA GRIEGA (versión de Julio Cortázar)
Tú, todavía virgen esposa de la calma,
criatura nutrida de silencio y de tiempo,
narradora del bosque que nos cuentas
una florida historia más suave que estos versos.
En el foliado friso ¿qué leyenda te ronda
de dioses o mortales, o de ambos quizá,
que en el Tempe se ven o en los valles de Arcadia?
¿Qué deidades son ésas, o qué hombres? ¿Qué doncellas rebeldes?
¿Qué rapto delirante? ¿Y esa loca carrera? ¿Quién lucha por huir?
¿Qué son esas zampoñas, qué esos tamboriles, ese salvaje frenesí?
Si oídas melodías son dulces, más lo son las no oídas;
sonad por eso, tiernas zampoñas,
no para los sentidos,sino más exquisitas,
tocad para el espíritu canciones silenciosas.
Bello doncel, debajo de los árboles tu canto
ya no puedes cesar, como no pueden ellos deshojarse.
Osado amante, nunca, nunca podrás besarla
aunque casi la alcances, mas no te desesperes:
marchitarse no puede aunque no calmes tu ansia,
¡serás su amante siempre, y ella por siempre bella!
¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes
que no despedirán jamás la primavera!
Y tú, dichoso músico, que infatigable
modulas incesantes tus cantos siempre nuevos.
¡Dichoso amor! ¡Dichoso amor, aun más dichoso!
Por siempre ardiente y jamás saciado,
anhelante por siempre y para siempre joven;
cuán superior a la pasión del hombre
que en pena deja el corazón hastiado,
la garganta y la frente abrasadas de ardores.
¿Éstos, quiénes serán que al sacrificio acuden?
¿Hasta qué verde altar, misterioso oficiante,
llevas esa ternera que hacia los cielos muge,
los suaves flancos cubiertos de guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad a la vera del río o de la mar,
alzada en la montaña su calma ciudadela
vacía está de gentes esta sacra mañana?
Oh diminuto pueblo, por siempre silenciosas
tus calles quedarán, y ni un alma que sepa
por qué estás desolado podrá nunca volver.
¡Ática imagen! ¡Bella actitud, marmórea estirpe
de hombres y de doncellas cincelada,
con ramas de floresta y pisoteadas hierbas!
¡Tú, silenciosa forma, tu enigma nuestro pensar excede
como la Eternidad! ¡Oh fría Pastoral!
Cuando a nuestra generación destruya el tiempo
tú permanecerás, entre penas distintas
de las nuestras, amiga de los hombres, diciendo:
«La belleza es verdad y la verdad belleza»... Nada más
se sabe en esta tierra y no más hace falta.
La película Bright Star (2009) de Jane Champion narra la relación secreta entre el joven poeta inglés de 23 años, John Keats (Ben Whishaw), y su vecina, Fanny Brawne (Abbie Cornish), una extrovertida y elegante estudiante. La atípica pareja empieza mal, él viéndola a ella como una frívola impertinente, y ella en absoluto impresionada no sólo por su poesía, sino por la literatura en general. Sin embargo, cuando Fanny descubre que Keats está cuidando de su hermano menor, gravemente enfermo, se ve conmovida y le pide entonces que le enseñe cosas sobre la poesía, a lo que él accede. La poesía se convierte así en un remedio romántico que funciona no sólo para resolver sus diferencias, sino como combustible de un apasionado romance. Cuando la alarmada madre de Fanny y la mejor amiga de Keats descubren la relación, ésta ya es imparable. Intensamente y sin remedio, absortos el uno en el otro, los jóvenes amantes se ven llevados por poderosas y nuevas sensaciones. "Me siento como si nos estuviéramos disolviendo", le escribió Keats. Juntos cabalgaron entonces en una ola de obsesión romántica que no hizo sino fortalecerse a medida que sus problemas crecían.
Para saber más:
http://lituuniversal.blogspot.com/2010/02/john-keats-oda-una-urna-griega-atica.html
http://ea.eol.org.ar/03/es/textos/txt/pdf/ruisenor_keats.pdf
http://hum.unne.edu.ar/revistas/postgrado/revista1/publica6.pdf
http://liu2c.blogspot.com/2011/01/comentario-de-kubla-khan.html
http://liu2c.blogspot.com/2011/01/comentario-de-oda-una-urna-griega-de.html
Un artículo de José Manuel de Prada sobre el tema (XLsemanal Del 15 al 21 de marzo de 2009):
LA FLOR DE COLERIDGELos antiguos aceptaban que los sueños eran una vía de comunicación con el mundo de ultratumba. Los héroes homéricos, cuando se acogían al benéfico descanso, recibían la visita de sus dioses tutelares, que les dictaban el signo de la batalla o el itinerario de sus odiseas. También los elegidos por Yavé poseían el don de recibir encomiendas a través de los sueños, o bien el de interpretar los presagios que esos sueños pudieran contener. Jorge Luis Borges llegó a afirmar que los sueños constituyen el más antiguo y el no menos complejo de los géneros literarios; y, para demostrar este aserto, compiló un volumen en el que se resumía la evolución de este género, desde los sueños proféticos del Antiguo Oriente hasta los alegóricos de la Edad Media y los puramente lúdicos de Lewis Carroll y Franz Kafka. Entre los episodios más celebrados de `inspiración onírica´ de la literatura menciona el caso del poeta inglés Samuel Taylor Coleridge, autor del fragmento lírico Kublai Khan.
En el verano de 1797, retirado en una granja del confín de Exmoor, Coleridge se encuentra leyendo un mamotreto donde se refiere la edificación de un palacio por el emperador Kublai Khan. Para conciliar el escurridizo y renuente sueño, Coleridge se administra un hipnótico; inmediatamente, la semilla de la lectura germina, y Coleridge concibe oníricamente un poema de unos trescientos versos que, nada más despertar, se dispone a trasladar al papel. Cuando se halla inmerso en esta tarea casi automática, recibe la visita de un amigo, a quien necesariamente tiene que atender, abandonando la escritura de ese dictado procedente de las brumas del sueño. Al intentar reanudar su labor, una vez concluido el engorro social, Coleridge descubre, «con no pequeña sorpresa y mortificación, que si bien retenía de un modo vago la forma general de la visión, todo lo demás, salvo unas ocho o diez líneas sueltas, había desaparecido como las imágenes en la superficie de un río en el que se arroja una piedra». El poeta desistió de completar su poema, que hoy nos sigue inquiriendo con su fragmentaria música, capaz de erigir sobre la nada un palacio.
A esta reverberación o sombra que los sueños arrojan en nuestra vida, a este escalofrío efímero, a este espejismo voluptuoso que, por unos instantes o unos minutos, se prolonga en nuestra vigilia, se refiere también Coleridge cuando, en otro pasaje de su obra, nos desconcierta con esta perplejidad: «Si un hombre atravesara el paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que había estado ahí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano... ¿entonces, qué?». A esta pregunta desasosegante e irresoluble, no tan inverosímil como sugiere una lectura superficial, intenta ofrecer respuesta Julio Cortázar en muchos de sus cuentos, cúspides del género fantástico, donde realidad y vigilia interfieren entre sí, colonizando el ámbito adverso, hasta llegar a crear atmósferas desquiciadas y confusas, donde el onirismo es una forma de locura, y viceversa. En uno de estos cuentos perdurables y perturbadores, titulado Ahí, pero dónde, cómo, Cortázar nos propone una historia enaltecida de cotidiano espanto, en la que un hombre recién levantado y despejado ya de las últimas hilachas del sueño, siente con una mezcla de zozobra y sobrecogida certeza que la persona fallecida con la que acaba de soñar sigue viva, no sólo en el extinto sueño que ya sólo recuerda a retazos, sino también en la vigilia, en la que misteriosamente se ha infiltrado, para no desaparecer nunca.
No creo aludir a una experiencia puramente personal si me refiero a esta contaminación o eco que los sueños proyectan sobre nuestra vida. Todo lo que hacemos durante el día, todas nuestras aprensiones y recelos, todos nuestros entusiasmos y efervescencias están secretamente dictados por la índole del sueño que hemos concebido la noche anterior. Este reinado de la noche y el sueño, que nos inspira el talante del día, suele pasarnos desapercibido, pero a veces se asoma, en forma de reminiscencia más o menos nítida, en nuestros actos cotidianos, embargándonos de espanto o siquiera de un resquemor que tarda en disiparse. ¿Quién no ha pensado alguna vez, como el personaje de Cortázar, que tal o cual pariente o amigo sigue vivo, y de forma casi refleja no se ha dirigido al teléfono, para mantener una conversación imposible con él? ¿Quién no se ha traído de alguno de sus sueños la flor del Paraíso de Coleridge?
El romanticismo
Literatura romántica POETAS ROMÁNTICOS Poema Kubla Khan de Samuel Taylor Coleridge View more presentations from catalinaluque.
Poemas_Keats
A UNA URNA GRIEGA (versión de Julio Cortázar)
Tú, todavía virgen esposa de la calma,
criatura nutrida de silencio y de tiempo,
narradora del bosque que nos cuentas
una florida historia más suave que estos versos.
En el foliado friso ¿qué leyenda te ronda
de dioses o mortales, o de ambos quizá,
que en el Tempe se ven o en los valles de Arcadia?
¿Qué deidades son ésas, o qué hombres? ¿Qué doncellas rebeldes?
¿Qué rapto delirante? ¿Y esa loca carrera? ¿Quién lucha por huir?
¿Qué son esas zampoñas, qué esos tamboriles, ese salvaje frenesí?
Si oídas melodías son dulces, más lo son las no oídas;
sonad por eso, tiernas zampoñas,
no para los sentidos,sino más exquisitas,
tocad para el espíritu canciones silenciosas.
Bello doncel, debajo de los árboles tu canto
ya no puedes cesar, como no pueden ellos deshojarse.
Osado amante, nunca, nunca podrás besarla
aunque casi la alcances, mas no te desesperes:
marchitarse no puede aunque no calmes tu ansia,
¡serás su amante siempre, y ella por siempre bella!
¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes
que no despedirán jamás la primavera!
Y tú, dichoso músico, que infatigable
modulas incesantes tus cantos siempre nuevos.
¡Dichoso amor! ¡Dichoso amor, aun más dichoso!
Por siempre ardiente y jamás saciado,
anhelante por siempre y para siempre joven;
cuán superior a la pasión del hombre
que en pena deja el corazón hastiado,
la garganta y la frente abrasadas de ardores.
¿Éstos, quiénes serán que al sacrificio acuden?
¿Hasta qué verde altar, misterioso oficiante,
llevas esa ternera que hacia los cielos muge,
los suaves flancos cubiertos de guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad a la vera del río o de la mar,
alzada en la montaña su calma ciudadela
vacía está de gentes esta sacra mañana?
Oh diminuto pueblo, por siempre silenciosas
tus calles quedarán, y ni un alma que sepa
por qué estás desolado podrá nunca volver.
¡Ática imagen! ¡Bella actitud, marmórea estirpe
de hombres y de doncellas cincelada,
con ramas de floresta y pisoteadas hierbas!
¡Tú, silenciosa forma, tu enigma nuestro pensar excede
como la Eternidad! ¡Oh fría Pastoral!
Cuando a nuestra generación destruya el tiempo
tú permanecerás, entre penas distintas
de las nuestras, amiga de los hombres, diciendo:
«La belleza es verdad y la verdad belleza»... Nada más
se sabe en esta tierra y no más hace falta.
La película Bright Star (2009) de Jane Champion narra la relación secreta entre el joven poeta inglés de 23 años, John Keats (Ben Whishaw), y su vecina, Fanny Brawne (Abbie Cornish), una extrovertida y elegante estudiante. La atípica pareja empieza mal, él viéndola a ella como una frívola impertinente, y ella en absoluto impresionada no sólo por su poesía, sino por la literatura en general. Sin embargo, cuando Fanny descubre que Keats está cuidando de su hermano menor, gravemente enfermo, se ve conmovida y le pide entonces que le enseñe cosas sobre la poesía, a lo que él accede. La poesía se convierte así en un remedio romántico que funciona no sólo para resolver sus diferencias, sino como combustible de un apasionado romance. Cuando la alarmada madre de Fanny y la mejor amiga de Keats descubren la relación, ésta ya es imparable. Intensamente y sin remedio, absortos el uno en el otro, los jóvenes amantes se ven llevados por poderosas y nuevas sensaciones. "Me siento como si nos estuviéramos disolviendo", le escribió Keats. Juntos cabalgaron entonces en una ola de obsesión romántica que no hizo sino fortalecerse a medida que sus problemas crecían.
Para saber más:
http://lituuniversal.blogspot.com/2010/02/john-keats-oda-una-urna-griega-atica.html
http://ea.eol.org.ar/03/es/textos/txt/pdf/ruisenor_keats.pdf
http://hum.unne.edu.ar/revistas/postgrado/revista1/publica6.pdf
http://liu2c.blogspot.com/2011/01/comentario-de-kubla-khan.html
http://liu2c.blogspot.com/2011/01/comentario-de-oda-una-urna-griega-de.html
Un artículo de José Manuel de Prada sobre el tema (XLsemanal Del 15 al 21 de marzo de 2009):
LA FLOR DE COLERIDGELos antiguos aceptaban que los sueños eran una vía de comunicación con el mundo de ultratumba. Los héroes homéricos, cuando se acogían al benéfico descanso, recibían la visita de sus dioses tutelares, que les dictaban el signo de la batalla o el itinerario de sus odiseas. También los elegidos por Yavé poseían el don de recibir encomiendas a través de los sueños, o bien el de interpretar los presagios que esos sueños pudieran contener. Jorge Luis Borges llegó a afirmar que los sueños constituyen el más antiguo y el no menos complejo de los géneros literarios; y, para demostrar este aserto, compiló un volumen en el que se resumía la evolución de este género, desde los sueños proféticos del Antiguo Oriente hasta los alegóricos de la Edad Media y los puramente lúdicos de Lewis Carroll y Franz Kafka. Entre los episodios más celebrados de `inspiración onírica´ de la literatura menciona el caso del poeta inglés Samuel Taylor Coleridge, autor del fragmento lírico Kublai Khan.
En el verano de 1797, retirado en una granja del confín de Exmoor, Coleridge se encuentra leyendo un mamotreto donde se refiere la edificación de un palacio por el emperador Kublai Khan. Para conciliar el escurridizo y renuente sueño, Coleridge se administra un hipnótico; inmediatamente, la semilla de la lectura germina, y Coleridge concibe oníricamente un poema de unos trescientos versos que, nada más despertar, se dispone a trasladar al papel. Cuando se halla inmerso en esta tarea casi automática, recibe la visita de un amigo, a quien necesariamente tiene que atender, abandonando la escritura de ese dictado procedente de las brumas del sueño. Al intentar reanudar su labor, una vez concluido el engorro social, Coleridge descubre, «con no pequeña sorpresa y mortificación, que si bien retenía de un modo vago la forma general de la visión, todo lo demás, salvo unas ocho o diez líneas sueltas, había desaparecido como las imágenes en la superficie de un río en el que se arroja una piedra». El poeta desistió de completar su poema, que hoy nos sigue inquiriendo con su fragmentaria música, capaz de erigir sobre la nada un palacio.
A esta reverberación o sombra que los sueños arrojan en nuestra vida, a este escalofrío efímero, a este espejismo voluptuoso que, por unos instantes o unos minutos, se prolonga en nuestra vigilia, se refiere también Coleridge cuando, en otro pasaje de su obra, nos desconcierta con esta perplejidad: «Si un hombre atravesara el paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que había estado ahí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano... ¿entonces, qué?». A esta pregunta desasosegante e irresoluble, no tan inverosímil como sugiere una lectura superficial, intenta ofrecer respuesta Julio Cortázar en muchos de sus cuentos, cúspides del género fantástico, donde realidad y vigilia interfieren entre sí, colonizando el ámbito adverso, hasta llegar a crear atmósferas desquiciadas y confusas, donde el onirismo es una forma de locura, y viceversa. En uno de estos cuentos perdurables y perturbadores, titulado Ahí, pero dónde, cómo, Cortázar nos propone una historia enaltecida de cotidiano espanto, en la que un hombre recién levantado y despejado ya de las últimas hilachas del sueño, siente con una mezcla de zozobra y sobrecogida certeza que la persona fallecida con la que acaba de soñar sigue viva, no sólo en el extinto sueño que ya sólo recuerda a retazos, sino también en la vigilia, en la que misteriosamente se ha infiltrado, para no desaparecer nunca.
No creo aludir a una experiencia puramente personal si me refiero a esta contaminación o eco que los sueños proyectan sobre nuestra vida. Todo lo que hacemos durante el día, todas nuestras aprensiones y recelos, todos nuestros entusiasmos y efervescencias están secretamente dictados por la índole del sueño que hemos concebido la noche anterior. Este reinado de la noche y el sueño, que nos inspira el talante del día, suele pasarnos desapercibido, pero a veces se asoma, en forma de reminiscencia más o menos nítida, en nuestros actos cotidianos, embargándonos de espanto o siquiera de un resquemor que tarda en disiparse. ¿Quién no ha pensado alguna vez, como el personaje de Cortázar, que tal o cual pariente o amigo sigue vivo, y de forma casi refleja no se ha dirigido al teléfono, para mantener una conversación imposible con él? ¿Quién no se ha traído de alguno de sus sueños la flor del Paraíso de Coleridge?
domingo, 28 de noviembre de 2010
Robinsón Crusoe, de Daniel Defoe

El año pasado leí por primera vez entera esta novela porque la eligieron mis alumnos como lectura obligatoria. Me produjo sensaciones contradictorias. Por el lado bueno, constituía una novela de aventuras entretenida y verosímil y, por el lado malo, un sermón religioso muy alejado de las versiones más ágiles y resumidas de mi infancia. Mientras el protagonista anotaba cuidadosamente en dos columnas el debe y el haber, yo iba haciéndome el esquema mental de razones para leerla y no leerla en la actualidad. Me llamó la atención, sobre todo, la ausencia del sentido del humor y las escasas referencias a las miserias físicas que en todo ese tiempo (¡28 años!) le tenían que ocurrir al protagonista. También me sorprendió la rápida narración de su paseo por España a la vuelta a Inglaterra.
Sin embargo, desde la perspectiva histórica, la novela constituye la epopeya del siglo XVIII, las aventuras de un hombre solitario que combate la naturaleza con la razón, aunque no se adapte en ningún momento a las circunstancias. Robinsón es el perfecto pionero, representante de una especie civilizada que conquista el mundo confiando en la providencia divina. Aún hoy, gracias a adaptaciones más aventureras y emocionantes, su imagen sigue viva en el inconsciente colectivo de nuestra cultura.
La narración está presidida por el destino, como en las tragedias griegas, pero con una resonancia simbólica cristiana que eliminan cualquier invitación a subordinar la vida al azar y al absurdo. Al caer en la tentación de probar la vida libre y vagabunda, lejos del mundo burgués, Robinsón Crusoe es expulsado de la familia, de la sociedad, de la civilización. La estancia en la isla supone su redención moral, una oportunidad para ganar el perdón, porque ha desoído a su padre y ha sido castigado. La obra, inspirada en un hecho real, supone una alegoría de la existencia y una recreación del proceso evolutivo de la humanidad: lucha con un medio hostil, dedicación a la caza, la agricultura y el pastoreo (incluso creará excedentes), culto a la divinidad, problemas de la convivencia y el colonialismo. Robinsón representa al hombre moderno, enérgico y solitario.
Robinsón Crusoe es un elogio a la razón, en los tiempos en que aún la razón no ha producido monstruos y se confía en ella con una fe que hoy nos conmueve por su clara inocencia. El relato, contado con la exactitud, a veces exasperante, y la sobriedad de una crónica, nos va describiendo todos los objetos que Robinsón va rescatando del buque varado sin los cuales no hubiese podido sobrevivir: el arca del carpintero, las escopetas, los mosquetes, los frascos de pólvora, los cuchillos, las hachas, los barriles de galletas y las pipas de ron. Solo aparece la sensualidad del dinero y de las mercancías y de los réditos, que tanto contribuyen a hacer más seguro y prosaico un mundo inequívocamente burgués: libras esterlinas, onzas de oro en polvo, duros portugueses, doblones, piezas de a ocho, cajas de azúcar, rollos de tabaco, colmillos de elefante, pieles de leopardo.
Robinson Crusoe, vestido de forma absurda y poco apropiada, es el padre del bricolaje: cazador, carpintero, alfarero, agricultor, ganadero, pescador, médico, arquitecto, panadero, sastre, peluquero, estratega... No hay oficio que le sea ajeno. Y descubre la necesidad de un Dios que lo proteja y le dé algún sentido a su vida. Administra el tiempo y sus provisiones trabajando continuamente, con un control férreo de su vida diaria, lleva la vida metódica de un burgués, capitalista y puritano. Y luego, cuando con el sudor de su frente ha conseguido convertir su isla poco menos que en un paraíso, un día descubre una huella en la playa que indica la irrupción amenazante del prójimo, ante el cual los peligros de la naturaleza son apenas un juego. Y se produce un cierto desencanto cuando aparece el buque que habrá de devolverlo a Inglaterra.
Para saber más:
Destaca el estupendo ensayo de Savater: Robinson o la soledad laboriosa en La infancia recuperada:
http://www.revistakatharsis.org/Savater_infancia_recuperada.pdfhttp://www.elpais.com/articulo/cultura/Adonde/has/venido/parar/elpepicul/20040118elpepicul_5/Tes
http://www.anayainfantilyjuvenil.com/catalogos/proyectos_lectura/IJ00098402_1.pdf
http://www.elpais.com/articulo/cultura/Adonde/has/venido/parar/elpepicul/20040118elpepicul_5/Tes
sábado, 27 de noviembre de 2010
Cándido de Voltaire

Cándido es probablemente el libro más curioso e interesante del siglo XVIII. A medio camino entre la novela filosófica, el libro de viajes y la novela de formación (Ausbildungsroman), narra las aventuras de un joven alemán que recorre el mundo zarandeado de un lado a otro por el cruel destino.
Cándido, o el optimismo (título original en francés: Candide, ou l'Optimisme) es un cuento filosófico publicado por el filósofo ilustrado Voltaire en 1759. La obra sigue las peripecias del protagonista Cándido en su primer encuentro con el precepto del optimismo leibniziano de que «todo sucede para bien en este, el mejor de los mundos posibles» y en una serie de aventuras subsecuentes que refutan de forma dramática el famoso precepto a pesar de la obstinación del protagonista. La novela satiriza la filosofía de Leibniz, y es un muestrario de los horrores del mundo del siglo XVIII. En Cándido, Leibniz está representado por el filósofo Pangloss, tutor del protagonista. A pesar de observar y experimentar una serie de infortunios, Pangloss afirma repetidamente que «tout est au mieux» («todo sucede para bien») y que vive en «le meilleur des mondes possibles» («el mejor de los mundos posibles»).
Con una trama llena de imaginación y perfectamente desarrollada, Voltaire construye una inmensa metáfora acerca de su mundo y de su tiempo. Cándido sintetiza las dos teorías filosóficas más populares del pensamiento ilustrado: “Vivimos en el mejor mundo de los posibles” de Leibniz y la del “Buen Salvaje” de Rousseau.
Voltaire satiriza el optimismo de Leibniz. Cándido defiende esta teoría a lo largo de la novela a pesar de que el destino se empeña en mostrarle todo lo contrario. En cuanto a la teoría “del buen salvaje” de Rousseau (el hombre originariamente – en estado salvaje - es bueno y es la sociedad quien lo corrompe) parece juzgarla como algo especulativo e imposible de darse en la sociedad actual.
Sin embargo, lo más fascinante de la novela son los distintos escenarios en los que se mueve Cándido. En apenas 100 páginas recorre el mundo entero y pasa revista a todos los grandes temas de actualidad de la época: la guerra de los siete años, las guerras de la religión, el terremoto de Lisboa, la transferencia de las misiones de los jesuitas a Portugal, el parlamentarismo inglés, los piratas del mediterráneo y la corrupción política en las colonias.
Cándido es un libro esencial: es ameno, entretenido y contiene claves fundamentales para comprender un poco más ese fascinante Siglo XVIII.
¿Sabías que Leonard Bernstein escribió una ópera sobre Cándido?. La obertura es espectacular: http://www.youtube.com/watch?v=422-yb8TXj8
¿Sabías que aproximadamente cien años después de Leibniz, Schopenhauer enunció su famosa teoría: “Vivimos en el peor mundo de los posibles”?
Para saber más:
http://www.cuadernosdemusicayliteratura.com/2007/12/cndido-de-voltaire.html
http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A1ndido
Jean Austen

¡Qué malos son los viernes a última hora para entrar en polémicas, sobre todo si se ha tenido antes un examen de filosofía!
En el libro de texto no aparece ninguna referencia a Jane Austen (1775-1817), hija de clérigo y de familia numerosa, educada en los principios de la Ilustración, precursora de la literatura de costumbres y partidaria de un romanticismo sensato y no extremista. La mayoría de sus novelas, que han tenido mucho éxito sobre todo a partir de sus adaptaciones cinematográficas, trata precisamente de conflictos entre los sentimientos y la realidad. En una de sus novelas más conocidas Orgullo y prejuicio, la acción transcurre entre familias de la clase media rural inglesa, presentándonos las vicisitudes sentimentales de las dos hijas mayores, de modo especial la complicada y fluctuante relación entre la segunda en edad, Elisabeth y el caballero Darcy hasta llegar al matrimonio. En otra, Emma, asistimos a la crónica de un viaje en primera clase, con destino directo hacia un matrimonio anunciado. Seiscientas páginas para enterarnos de lo que siempre supimos entretenidos con las minucias de un recorrido anodino: pianos, muselinas, excursiones, bailes, juegos de salón.
Todas las novelas de Austen están basadas en dos temas: la estratificación social y el matrimonio (aunque su autora nunca se casó):
—Pero aún así ¡será usted una solterona! ¡Y eso es algo terrible!
—No pasa nada, Harriet, porque yo no seré una solterona pobre. Y lo único que hace al celibato condenable a los ojos del público en general, no es otra cosa que ¡la pobreza! Una mujer soltera, con una renta muy apurada, a la fuerza tiene que ser una solterona ridícula y poco agradable, el hazmerreír de los jóvenes y las jóvenes; pero una soltera, con una fortuna considerable, siempre será respetada, y puede ser tan elegante y agradable como cualquiera. (…) lo que ocurre es que una renta muy apretada tiende a reducir la capacidad mental y a amargar el carácter.
En todas se recorren escenarios parecidos, se exteriorizan conflictos de la misma naturaleza y los personajes —a pesar de la hondura de sus matices, que finalmente los volverá únicos— aparecen como repetidos prototipos. Todo parece transcurrir en la tersa mediocridad de una burguesía provinciana, de mentes estrechas, más preocupadas por la falta de estilo en el arreglo de un sombrero que por la hondura de la tragedia humana. Pero como afirmaba Virginia Wolf: “Jane Austen es una maestra en el manejo de emociones mucho más hondas de lo que aparecen en la superficie. Nos estimula a proveer aquello que falta. Lo que nos ofrece es, aparentemente una tontería; pero compuesta de algo que se expande en la mente del lector y la provee con la más durable forma de escenas de vida, sólo en apariencia triviales. El acento está siempre puesto sobre el carácter”.
La escritora busca romper barreras sociales, mostrándose reacia a la incapacidad de movilidad social típica de la época manteniendo los principios clásicos aristotélicos de verosimilitud, esto es, que sea acorde a la realidad. Sus personajes casi siempre están representados en armonía, el sentimiento, la estupidez, la frialdad y otras sensaciones, acompañan la vida cotidiana en consonancia con la felicidad y el bienestar. Sus novelas contienen un mensaje instructivo, señalan el buen comportamiento y aportan una especie de experiencia ficticia, aunque Charlotte Brontë (otra solterona romántica, autora de Jane Eyre) lo sintetiza así después de leer Orgullo y prejuicio :
«un preciso daguerrotipo de una faceta común; un jardín cerrado y cuidadosamente cultivado, de bordes limpios y flores delicadas; pero ni una vívida y brillante fisonomía, ni campo abierto, aire fresco, colina azul, o arroyo estrecho».
Para saber más:
http://www.filo.uba.ar/contenidos/carreras/letras/catedras/litinglesa/sitio/pp-janeausten.htm
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